Con la dignidad en el suelo, la corrupción en la cabeza y ni un peso en el bolsillo

Los abusos que leerá en esta historia, los viven algunos habitantes de Bogotá diariamente.

Los abusos que leerá en esta historia, los viven algunos habitantes de Bogotá diariamente.

La estrategia  de la Policía de Bogotá para acabar con el microtráfico es acabar a golpes  los consumidores, o por lo menos así lo hacen parecer unas agresivas tácticas que usa la fuerza pública de la ciudad al momento de detener a los portadores de drogas sicotrópicas o sintéticas que pueden portar, siempre y cuando lo usen para su uso personal y contribuya al libre desarrollo de su personalidad. “Marihuana que no exceda de veinte  gramos; la de marihuana hachís que no exceda de cinco gramos; de cocaína o cualquier sustancia a base de cocaína que no exceda de un  gramo, y de metacualona que no exceda de dos gramos”[i], es decir la dosis mínima sentenciada en Colombia.

Debería ser una denuncia, pero es una historia de corrupción

A las 10:40 de la noche se pasaron de calle. Iban de occidente a oriente y se metieron en contravía. Al momento de bajar el primero amenazó: “Si ustedes llevan así sea un poquito de marihuana los judicializo”, dijo alevosamente un policía costeño al primer instante.

“Hay que decir la verdad”, respondió con miedo el que cargaba en su bolsillo cinco porros armados acabados de comprar en el centro de Bogotá. “Todo bien, tengo eso nada más”, dijo enseguida, a lo que el policía respondió: “quítense los zapatos y las medias”.

“No cómo se le ocurre yo no me voy a quitar los zapatos y mucho menos las medias” respondió uno. Entonces  con un rimbombante acento el tombo preguntó: “¿a vos me estás braveando?”

-No. Y cómo se le ocurre que me voy a quitar los zapatos, además la ley dice que se puede portar esa cantidad.

Empezó la pelea

Entre forcejeos por no dejarse poner las esposas y hacer respetar lo que la Carta Magna otorga, el muchacho dijo: tranquilo, cálmese. Usted no puede hacer eso, usted está abusando de su autoridad.

-A es que vos me estás amenazando, grito el afro de 1.80 con toda su humanidad.

-Yo no lo estoy amenazando sólo le digo que no sea abusivo.

Pero él, el ´victimario corrupto siguió: con su mano derecha trataba de poner los grilletes en la mano izquierda de su víctima no más bajo que él, y al mismo tiempo con su mano derecha la víctima, evitaba que se cometiera tal acto de abuso de autoridad.

-Radeelo entonces-   se escuchó entre los alegatos la voz de otro policía, que aunque menos agresivo,  no se inmuto ante la descomunal sobrecarga de fuerza que ejercía su compañero, de raza perezosa por tradición.

El afrodescendiente vestido de verde, entre el radio y su agresividad advirtió: “Si corre le pegó un tiro”. “Yo no voy a correr no sea marica” le respondió un consumidor.

La táctica

Esposaron a los primeros dos, que le pedían prudencia a su compañero porque todo, como ellos lo dicen, se hubiera podido solucionar con la quitada de su dosis mínima y un pago de 20 mil pesos.

Llegó la patrulla y de ella salieron dos policías más. Al primero que subieron y al único que golpearon fue al que supuestamente los ‘amenazó’.

Entre los cuatro subieron al camión de culo cerrado al que forcejeó y dejaron a sus dos compañeros lejos de la acción. “No me suba no sea abusivo” alegaba sin ser escuchado al que trataron como reo peligroso, que se encontraba junto a la puerta con tal de no dejarla cerrar.

Entonces el costeño grito de nuevo pero ésta vez con una sorpresa inesperada: “páseme la pistola de electricidad que vamos a subir este hijueputa”, y al no ser tenido en cuenta por sus compañeros, sacó una manopla de sus bolsillos y empezó a golpear al que ya estaba arriba.

Golpes en las piernas en las manos y en el cuerpo. Nada en la cara, nada que pueda dejar evidencia.  Mientras tanto, pero lejos de la escena, los dos amigos seguían pidiendo clemencia pensando que cometieron un delito, a pesar que sólo uno llevaba la droga. Pero al final no resultó y los tres terminaron en la parca.

Adentro

Al subirlos en la patrulla, el conductor, quien no había vislumbrado el problema señaló: “Tranquilos, quietos les va mejor. Si se calman podemos colaborarles”.

Nos van a soltar, pensaron después de  las palabras de los policías que no sabían las razones por las cuales los habían montado.

Pero quien sabe a qué horas, dijo el primero. Tiene que aprender a calmarse, le dijo el portador al otro. Lo siento, yo no quería que nos subieran, pero tampoco es justo que abusen de nosotros, le contestó.

La patrulla aceleró hacía el occidente de Bogotá bajando por la Primera de Mayo y luego volteó hacia la derecha para finalmente llegar a un CAI en la carrera décima. Diez minutos dentro de la patrulla con una angustia insoportable los hizo pensar: “tenemos dinero”. Yo tengo 60 mil respondió uno de los tres. Será que nos meten más droga de la que teníamos, eso sí me preocupa, dijo el otro. Sólo son cinco porros pegados en cuero de 7, les recordó el tercero.

En el CAI

Bájense. Quítese la ropa le dijo el costeño al que alegó. Buzo en el piso; camisa en el piso; zapatos al suelo; medias al suelo; pantalón abajo. “También los calzoncillos”, exclamó.  Al revisar los papeles y encontrar un viejo carné de universidad de aquel por el que se sintieron amenazados le reclamó: “¿usted quién es, dónde trabaja?. Usted no es nada, usted no es nadie”.

-Yo soy periodista respondió.

-“Entonces muéstreme su tarjeta profesional”.

-Los periodistas no tenemos tarjeta profesional. Yo escribo, vendo noticias, he publicado, hago freelance, soy periodista.

-“Usted no es nada, usted no es nadie” volvió a vociferar el corrupto con su acento costeño.

“Las personas creen que se las saben todas porque están estudiando. Usted no es nada. “¿Cuál es la ley de la que me habla?, que dice puede portar droga ni que nada. Esa ley no existe, usted no sabe nada.”

Ya con la dignidad en el piso,  el compañero del corrupto llegó. “A usted lo vamos a judicializar por alevoso. Si usted colaborará las cosas serían diferentes pero como se puso de alevoso.”

En el CAI había cuatro policías. Los dos de la moto y los dos del carro. Los últimos dos salieron de la estación y sin leer los derechos para retenernos en el CAI, el inmutado explicó: a continuación vamos a llenar estos papeles para que se presenten en la URI y respondan por la cantidad de droga que llevaban. “Como yo no soy perito, voy a colocar que tenían  una cantidad considerable de marihuana que podría usarse para la venta y por tanto podrán ser retenidos y van a tener que firmar esto”, les dijo a los tres asustados.

-Esto-: Una orden en blanco llenada con los datos básicos de la  cédula de ciudadanía al que no le quisieron colocar las indicaciones por las cuales, el inmutado los estaba reteniendo.

Al primero que le pidieron su firma fue al que llevaba los porros. Al segundo fue al que supuestamente los amenazó. Pero el segundo, al ver que las consideraciones estaban en blanco gritó: “cómo se le ocurre que le voy a llenar eso en blanco, póngale que él llevaba cinco porros, que cantidad considerable ni que nada.”

Y la pelea se volvió a armar. “Yo no soy ningún perito y no sé qué cantidad llevan. Sólo voy a poner que es una cantidad considerable.”

Ante tal hecho los tres empezaron a pedir clemencia. “No nos haga esto, no sea abusivo” se escuchaba al unísono las tres voces asustadas. “No sea así, déjenos ir que usted sabe que no estábamos haciendo nada”.

Ya desesperado uno de los tres contó: Todo bien yo trabajo en la casa de lenocinio tal –en el centro de Bogotá- y el corrupto le contestó: “a entonces usted sabe cómo es la vuelta.”

Aún seguían las voces de disculpas, y en el rifirrafe una, en forma de murmullo de la nada soltó: Le doy 50 mil pesos y todo bien. “Mueche haber“ respondió con el mismo murmullo pero con acento el afrodescendiente, que ya estaba llenando los papeles. Entonces se fueron a las disculpas, porque ya todo se había solucionado, de forma incorrecta pero directa.

“¿me asuste discúlpeme, usted nunca se ha asustado?” les decía el alevoso. Firmen aquí  primero y se van. Y con la presión sicológica encima, la hoja en blanco se firmó.

Luego

Ustedes sí no, dijó el inmutado. “A su amigo le falta es calle” le contó al portador. Y él, el portador, de pronto pensando de la misma manera o tal vez no, asistió con la cabeza y respondió:   si, tiene razón.

-¿Le falta calle?- Lo que pasa es que conocer calle no es apoyar la corrupción, palabras que giraban en su cabeza como un taladro perforando la tierra, pero que sus amigos no quisieron atender.

Al rato los tres salieron  y a las 12:30 de la madrugada ya estaban en casa. Con la dignidad en el suelo, la corrupción en la cabeza  y ni un peso en el bolsillo.

Un porro pegado con un gramo de marihuana


[i] La Corte deja en claro que hay dos interpretaciones para la sentencia Sentencia C-491/12 (Exequibilidad condicionada sobre tráfico, fabricación o porte de estupefacientes).

Ante dos interpretaciones plausibles, la Corte acogerá aquella que se aviene a los mandatos constitucionales y excluirá la que los contraviene. En consecuencia, declarará la exequibilidad condicionada del artículo 376 del Código Penal, tal como fue modificado por el artículo 11 de  la Ley 1453 de 2011, en el entendido de que el porte de sustancia estupefaciente, sicotrópica o droga sintética en cantidad considerada como dosis para uso personal, no se encuentra comprendido dentro de la descripción del delito de “tráfico, fabricación y porte de estupefaciente” previsto en esta disposición, y por ende no se encuentra penalizada.

No obstante, acogiendo el planteamiento de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia consignado en la sentencia 29183 de 2.008, la Corte deja en claro que cuando el porte o la conservación recae sobre sustancia estupefaciente sicotrópica o droga sintética, en cantidades comprendidas incluso dentro de la categoría de dosis personal, pero destinadas no al propio consumo sino a la comercialización, tráfico, e incluso a la distribución gratuita, la conducta será penalizada toda vez que tiene la potencialidad de afectar, entre otros bienes jurídicos, el de la salud pública. En consecuencia, el condicionamiento que se inserta en la parte resolutiva de esta decisión deja intacta la posibilidad de que se penalicen las conductas consistentes en “vender, ofrecer, financiar y suministrar”, con fines de comercialización,  las sustancias estupefaciente, sicotrópicas o drogas sintéticas, de que trata el artículo 376 del Código Penal, en cualquier cantidad.

Y finalmente resuelve: Declarar EXEQUIBLE, por los cargos analizados, el artículo 376 de la Ley 599 de 2000, tal como fue modificado por el artículo 11 de la Ley 1453 de 2011, en el entendido de que no incluye la penalización del porte o conservación de dosis, exclusivamente destinada al consumo personal, de sustancia estupefaciente, sicotrópica o droga sintética, a  las que se refiere el precepto acusado.

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